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El detalle

diciembre 14, 2010

El semestre pasado conocí a Aby Warburg y me enamoré perdidamente de él. Me refiero a él como “Aby Árbol” porque una vez que mencioné su nombre, un amigo lo entendió así y se le quedó.

La magia de la teoría de Aby Árbol es que se siente como si estuviera viva. Está llena de una energía extraña que jamás había conocido en nadie más. Hizo historia del arte con las entrañas, con el corazón, con sus fobias y pasiones. De hecho, su trabajo lo salvó de la locura mientras estuvo internado en una institución mental. Aby Árbol nunca temió mezclar sus preferencias, creencias, pasiones y miedos con su investigación, al contrario, las usaba para explicarse el mundo y explicarlo también a los demás.

Es conocido (y malinterpretado) por el aforismo que gustaba repetir “el buen Dios está en los detalles”, cuyo origen es aún oscuro. Y es que no se trata del detalle así nada más, del detalle vulgar, mundano, de la parte que forma un todo o del fragmento que sin el todo no es nada. El detalle en Warburg es un gesto, es energía, es la impronta del hombre prehistórico en nuestro cuerpo y nuestra mente. Es un síntoma que avisa y pone en evidencia una especie de enfermedad o contradicción o, simplemente de “algo”.

Este algo, estos detalles, este síntoma, esta enfermedad no nada más existe en las obras de arte. Es la magia del trabajo de Warburg, que se refiere a la vida misma, a sí mismo, a todos nosotros.

A mí.

Y es que este año se trató de descubrir mis detalles. Sí, descubrir. Así tal cual. Mis detalles que son mis síntomas y donde vive el buen Dios. O yo.

Son tan elocuentes los detalles, tan recurrentes los síntomas, tan aprendidos los gestos, tan abrumadores los recuerdos que me he sentido enferma, contradictoria, perdida a veces. Viva también. Y sintiente y pensante.

Mis detalles me definen frente a los demás y mis síntomas hablan de mi pasado y de mis memorias. Tantas horas he pasado buscando detalles en pinturas, en lecturas, en caminos; tratando de leer todo lo que está a mi alcance para aprender del mundo, de los demás, de las cosas, que no he reparado en que también debería leerme a mí misma.

Yo soy la lectura más agotadora con la que me he topado.

One Comment
  1. ¡WOw! ¡qué bonito!

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