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Mis ruinas

noviembre 20, 2010

Hoy salí a caminar.

De pronto me topé con una de las coordenadas de un pasado al que ahora miro con muchísima nostalgia: Campos Elíseos. No sabía muy bien cuánto tendría que seguir, pero no lo pensé dos veces y me puse en marcha para encontrar el cruce: Jorge Eliot.

Anduve durante una hora por esa calle llena de árboles y casas viejas y edificios modernos de departamentos todos con recibidor y portero. No reconocía absolutamente nada por más que me esforzaba y no tenía idea de a dónde llegaría, pero no me importaba: el día era hermoso y sentía el alma ligera.

De pronto estaba ahí: Campos Elíseos y Jorge Eliot.

Seguía sin reconocer nada, pero estaba en el lugar correcto, las señales con los nombres de las calles me lo confirmaban. Un conglomerado de hoteles gigantes me impedía ver el espacio que estaba buscando: W, Nikko, Presidente Intercontinental, JW Marriot, todos alzándose ahí con miles de ventanas y entradas que repelen a los peatones. Pero estaba ahí. Detrás de vallas tapizadas de publicidad.

Las coordenadas que algún día me llevaron al lugar que definió mi futuro, mi hoy, ahora me llevaban a un lugar en ruinas.

Y me detuve a contemplarlo. Pensé en lo que podría significar toparme con ese lugar en ruinas. Las ruinas son distintas al vacío, a la nada. Las ruinas hablan de un pasado que fue mejor, que perdió, que no soportó el cambio. Las ruinas quieren ser olvidadas porque estorban, porque no dejan que algo nuevo nazca, porque están ahí siempre recordándonos que algo no salió bien. Algo no salió bien.

Y me acerqué lo más que pude para escuchar. A través de un agujero se veía lo que quedaba de las escaleras que alguna vez subí con tanta emoción. Alcancé a oír el eco de mis palabras pronunciadas hace doce años “no puedo creer que estoy aquí. ¡Existe! ¡Existo! Mi vida comienza aquí”.

Y en verdad mi vida comienza ahí. Mi camino comienza en Campos Elíseos y Jorge Eliot, en una visita al Centro Cultural Arte Contemporáneo que cerró para siempre dos meses después de que yo lo visitara. Ese lugar definió lo que quería “ser”, lo que ahora estoy siendo.

Me pregunto si las ruinas de ese edificio hacen eco en mis estructuras. Me asusta que sean una premonición. Me asusta que sean un ancla que me estén recordando ese pasado que recuerdo tan luminoso, tan lleno de vida, tan ligero y amable.

Pero decido que no. Que si mis coordenadas de inicio me llevan a un lugar en ruinas es porque ahora debo buscar unas nuevas; las ruinas me advierten que no hay marcha atrás, que debo seguir caminando, que no hay a dónde volver, que no existe razón para volver.

Grabé las ruinas en mi memoria. Las registré meticulosamente en una película en blanco y negro. Seis o siete fotografías. Y ya. Me di la media vuelta y seguí caminando para volver a casa.

Las ruinas, mis ruinas, se quedan allá, lejos.

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From → Barroquismos

3 comentarios
  1. Celeste124 permalink

    Las ruinas están para recordarnos que estamos aquí y ahora para crecer, evolucionar y seguir adelante. Como escribes, “…se quedan allá, lejos”.
    Muchos saludos. :)
    P.D. Te mandé un e-mail. :)

  2. AirNoir permalink

    Al principio se siente raro, yo sentí raro al visitar la casa en que nací y verla clausurada por la policia -glup!- pero es como que te recargas de energia, es una manera de darte cuenta de la evolución y metamorfosis que se convierte en la vida de uno, yo aun cuando voy al DF, trato de pasar por ahí, o uso el google Earth como para recordarme hacia donde voy y no errar caminos…Por cierto, también me gusta tu blog de echo ya lol tenia en favs que curioso!

  3. Erika permalink

    Querida, qué gusto leerte. Siento mucho venir hasta hoy, pero quería hacerlo con tiempo y un té, así como se deben leer las buenas letras.
    Coincido totalmente, las ruinas son recordatorios de por donde ya no hay que caminar. Dale dale dale.
    Y fíjate como funciona en mí: aunque yo nunca conocí el centro, puedo escuchar en mi memoria, perfectamente nítida la voz de esa mujer que lo anunciaba “Campos Eliseos y Jorge Eliot, en Polanco”. Ahora pienso que a lo mejor esa mujer ya se murió.
    Un abrazo.

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