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La mujer rota

septiembre 4, 2010

Para Mimí

Una mujer mira por la ventana. Mira sin querer mirar, no mira, mira todo y nada al mismo tiempo. Mira el vacío, la inmensidad, la distancia; se concentra en el todo inabarcable, en la nada que no termina nunca. Apoya la sien en el marco y suspira. Un libro descansa en sus manos. Algo en las palabras que leía le hizo recordar un momento que creía olvidado: la fractura.

Una día, al despertarse, se dio cuenta de que estaba rota. Sus manos se habían separado de los brazos, las piernas de los pies, el corazón estaba hecho añicos, la columna no la podía sostener. Nunca supo cómo se rompió, ni siquiera sintió dolor. Sólo supo que despertó rota en pedacitos de todos tamaños. Así pasó días, semanas, meses, años. Rota, fracturada, tratando de sellar las grietas, juntar las piezas como en un rompecabezas. A veces lograba unir más de tres para mover el brazo, la mano, los dedos y acariciar, reconocer su propia piel tibia y suave. Sellaba fugas, pulía aristas, recortaba partes inservibles, limpiaba las que estaban sucias. Era un trabajo minucioso, complejo y demandante. También difícil porque a veces se topaba con pedazos suyos que ni siquiera sabía que existían y que no le gustaban para nada. Todo el tiempo tenía que tomar decisiones: qué conservar, qué limpiar, qué desechar, unir esto con aquello o mejor con lo de allá.
Por fin, después de varios años, terminó. De nuevo era ella toda de una sola pieza. Salió al mundo con mucho miedo porque sabía que todos notarían los remiendos en su cuerpo y su corazón. Se topó primero con un joven de sombrero y gafas: su cabello despeinado parecía estar hecho de retazos de diferentes telas y estambres; sus manos mostraban unas grandes grietas que habían sido reparadas con piel de otras manos; se notaba que su corazón había estado roto en muchos pedacitos, pero que lo había remendado con muchísimo cuidado, con hilo muy fino, con pedazos de otros corazones y con palabras, muchas palabras. Él le sonrió y le tendió la mano.

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5 comentarios
  1. Grimalkin permalink

    Lloré.

  2. Grimalkin! no puedo decir que me da gusto que lloraras, pero sí que te haya gustado, ji ji.
    Qué bueno que te das la vuelta por acá. Estoy decidida a continuar con esto una vez más. ¿Y tu blog? Hace tiempo vi el blog donde estabas escribiendo cuentos pero ya no lo encuentro :( ¿existe aún?

  3. Yo también lloré… el mejor regalo de cumpleaños! :(

  4. Alejandro Lemus permalink

    Yo casi Lloro!! Muy Bonito regalo que te dieron Primita!!!! ;)

Trackbacks & Pingbacks

  1. La mujer rota « es-tre-me-ce-do-ra mecedora

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