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Me pareció ver un lindo gatito

enero 12, 2007

Estaba dormida. Profundamente. Calientita en mi cama. Eran las 6.45 de la mañana.

La voz de Pam me despertó. Platicaba con la Reina Galáctica. Decían algo así como:

– oye, nena, ¿tenías un gatito en tu cuarto?
– no, Pam, no me gustan los gatos ¿por qué preguntas?
– es que creo que un gato se metió a la casa. Estaba aquí parada y de pronto sentí que se me acercó y me hizo ‘así’ con sus patitas. Cuando volteé salió corriendo y alcancé a ver su cola peluda y café

Decidí levantarme y unirme a la conversación. No podía dejar que ellas lo encontraran y lo sacaran de la casa. Era la oportunidad perfecta para tener una mascota. Salí de mi cuarto y les pregunté qué pasaba. Pam me contó la historia nuevamente. La Reina Galáctica solo se nos quedaba viendo con cara de fuchi porque no le gustan los gatos.

– oye Pam, ¿y no te asustaste?
– no, Reina Galáctica, es que estoy acostumbrada a que Pepo se me pegue así en los pies para que lo acaricie. De pronto pensé que era Pepo, pero recordé que no estaba en casa de mis papás sino aquí.
– oye Pam ¿y para dónde se fue?
– para allá [señala la sala]

Y ahí vamos las tres. Buscando al gatito.

– Con razón Pam, yo escuché que un gato maullaba
– Sí, Reina Galáctica, ayer que me quedé tejiendo hasta la 1 de la mañana también escuché un maullido pero pensé que venía de la calle
– Ay Reina Galáctica, si el gato salió de tu cuarto! yo lo vi!

Seguimos buscando

– gatito, gatito, gatito…
– kiri, kiri, kiri…
– miau… miau…
– gatito, gatito, gatito…
– ven gatito…

Abajo de los muebles, dentro de la despensa, en el cuartito de lavado, en el estudio, en la sala, en el comedor.

– oye Reina Galáctica ¿nos lo podemos quedar? ni modo de echarlo a la calle, ándale, vas a ver que son lindos. Al cabo no hacen tanto cochinero. Nomás les pones la caja de arena y ya
– está bien, meri, pero solo si está chiquito y si no me da alergia
– gatito, gatito, gatito… ¿dónde se habrá metido?
– más bien, ¿por dónde se habrá metido? ¿y cuánto tiempo llevará aquí adentro?
– nah, yo creo que poco, ya nos habríamos dado cuenta si llevara varios días. Ojalá que salga, capaz que se muere de hambre, pobrecito
– pero muevan los muebles, meri, que así no va a salir. Pam, mueve eso, asómate ahí
– no, Reina Galáctica, los gatos no se meten por las hendiduras como las ratas
– no las menciones ‘a ellas’ meri!!! sabes cómo las odio!!!

Mientras, me imaginaba a mí misma como una heroína. Habría salvado a mi primer gatito callejero. Lo bañaría, lo llevaría con el veterinario, lo alimentaría, lo abrazaría, lo mimaría y lo cuidaría mucho mucho. Enviaría sus fotos a cuteoverload. Y le haría su propio blog.

Recorrí la sala por tercera vez. Me asomé bajo los sillones por tercera vez. Nada.

– gatito, gatito, gatito…

Se me ocurrió que tal vez estaría detrás del sillón. Lo moví. Vi un bulto gris. “Ah, se me cayó una bola de estambre o tal vez es un calcetín” pensé. Se movió. Corrió.

Me incorporé. Hice un gesto de asco. Voltée a verlas.

– Reina Galáctica, Pam, lamento informarles que no es un gato. Es una RATA.

La Reina Galáctica lívida. Ojos como platos. Boca abierta.

Pam gritando
– ¡¡se me subió a los pies!! ¡¡qué asco, qué horror, se me pone la piel chinita!!

Y la rata seguía bajo el sillón. No quisimos moverla de ahí. Eran las 7 de la mañana.

La Reina Galáctica tomó su teléfono y le marcó a su papá.

– tienes que venir, hay una rata, mátala, ¡¡pero ya!! ¡¡ven!!

Y me quedé a hacer guardia en la sala. Pam terminó de arreglarse y se fue. La Reina Galáctica se metió a bañar y a llorar. No hay peor pesadilla para ella que una rata.

Mientras, yo tejía sentada en otro de los sillones, haciendo ruido, observando el sillón, haciéndole saber a la rata que no estaba sola, que ni se atreviera a salir hasta que llegara su exterminador.

Y llegó el héroe. Cerró las puertas de la sala y de la cocina. Abrió la de la entrada. Se armó con las dos escobas que tenemos teníamos. La Reina Galáctica y yo nos refugiamos en el pasillo. Cerramos todas las puertas y nos pusimos a escuchar con atención.

– ¿dónde estás rata? no te me vas a escapar. Ven acá.

ZAS!!

PUM!!

PAS!!

– ¿a dónde te metiste desgraciada? ah! ahí estás!

PUM!! CUAS!!

Silencio.

– Meri, ya no se escucha nada. Yo creo que la rata se comió a mi papá.

Toc, toc, toc

– ¿qué pasó? ¿ya la mataste?
– sí!! ya la maté!! ya puedes salir
– Meri, dice mi papá que ya la mató pero no le creo. Sal tú y confírmalo.

Salí y la vi ahí en el comedor. Muerta a palazos. Pobrecilla, en un charco de sangre. Con la cola partida en dos y sin una pata. Me dio lástima. Efectivamente era del tamaño de un gato pequeño y efectivamente era café. Pam no está tan ciega como pensábamos.

El papá de la Reina Galáctica la levantó con un cartón mientras yo le detenía la bolsa negra. Se la llevó. Luego yo limpié el charco de sangre. Con guantes y cloro y todo.

Y como me dio remordimiento de conciencia le hice un funeral. Todos asistieron, hasta John Travolta.

Requiéscat In Pace.

La rata ha muerto. Que viva la rata.

Ya luego llegaron los fumigadores. Me dijeron que no había más ratas y que de seguro se metió por debajo de la puerta. Me dio mucha vergüenza cuando fumigaron el rincón donde estaba el altar. Olvidé quitarlo.

8 comentarios
  1. Nena Jugosa!!!

    Qué maravillosa historia, a mi no me han tocado experiencias únicas con las ratas como ésa. Lo que hacíamos cuando pequeños éramos mis hermanos y yo, era de alguna manera que Alejandro tenía, las enviáramos hacia el patio trasero y mi abuelo se encargaba de ellas, era como el coliseo romano, nosotros desde adentro del cuarto viendo el enfrentamiento senil de mi abuelo (el papá de mi madre) contra el animal repleto de infecciones.
    Agarraba una escoba y como maestro de artes marciales la seguía con su mirada de entrecejo fruncido y se la mentaba en cuchicheos despectivos.
    Una vez logrado ése ritual de mirada-mentada… agarraba la escoba al revés (con el conjunto de serdas cerca de su mano) y como pescador de la Laguna Azul, tenía una puntería mortal, con la punta del palo y de manera perpendicular al piso, les daba en el cráneo…
    ERA ALUCINANTE, nunca fallaba y no hacía sangrerío por que les destrozaba el cerebro y el cuerpo no respondía más.

    Ahora que lo pienso… ¿por qué mi abuelo prefirió tener un puesto de carnitas, a dedicarse a algo relacionado con ésa puntería?

    Besos en tus rosados pezones hermosos!
    :-*

  2. Aquí llega James Maybrick, o sea Yo, Magdalena querida y colega mía, y para darle un final feliz a tu artículo (y una oportunidad de ésas que sólo llega una vez en la vida a menos que conozcas a algún Maybrick) te tengo una oferta indecorosa. Un gatito de un mes y medio de nacido que te espera para darte horas y horas desolaz y esparcimiento, además de devorar cantidades industriales de Whiskas, y alejar de casa grillos, cucarachas y ratas (y comerse algún pájaro desafortunado) si contestas a una sencilla pregunta. La pregunta es muy sencilla y es la siguiente: ¿Crees estar lista para la responsabilidad de ser esclava –digo– propietaria de un gato?

    Si contestas “Sí” el gatito será tuyo y yo en persona te llevaré a tu nuevo amo –digo– mascota. Si contestas “No” entonces el gatito no será tuyo y habrá una Reina Galáctica más sin alergias. ¿Qué decides?

  3. ay! ay! ay! sí, Doctor Don Pastrami! sí! sí! estoy lista! estoy lista! quiero ser esclava de un gato! (es que el Ingeniero y su compañero de casa tienen una gatita, se llama Kuro, y muero de la envidia porque él la tiene todos los días y yo solo la veo los fines de semana)…

    … bueno… yo sí estoy lista, pero tendría que convencer a la Reina Galáctica… y a Pam…

    Oh! qué linda oferta! qué emoción!… yo te confirmo en estos días ¿sí? ¿de qué color es? ¿es gato o gata?

    yuju!!!!

  4. Te dejaré en ascuas sobre la forma, anatomía y color de dicha bolita peluda hasta que me confirmes que vas a quererla. Porque, entre otras cosas, no sería justo para la bolita peluda hacerse esperanzas de que va a tener su propio humano. Lo único que sí puedo confirmarte es que, en cualquier caso, a los 6 meses de edad deberás mandarle a neutralizar, a menos que quieras ser responsable de un súbito aumento en la población gatuna de la ciudad.

  5. esclavocondosamos permalink

    yo soy esclavo de dos gatos me imagino ya habras mostrado a kittyboy y colombus en tus electronica emisiones informativas. hoy es dia de martin luther king asi que colombus esta de fiesta trepandose por todas partes con eso de que es negro se le sube lo mamila. se le subio a los pies guacatelas!!!!

  6. !pues si tengo 15 min riendo de lo buena que eres para narrar!me encantó,recuerda los gatos son dueños de los humanos, las damitas escandalizan con su apuro sexual y los varones con sus llamdas de atención pero con todo y eso es bueno tener una mascota,si te permtie mi hija postiza. besosososososos

  7. Doctor Don Pastrami… he chantajeado convencido a la Reina Galáctica!! Ha dicho que sí!! entonces… ¿puedo? ¿sí puedo? ¿puedo tener un lindo gatito? :) oh! qué emoción!

    Bueno, la Reina Galáctica puso tres condiciones: 1) que no tenga pulgas, 2) que ahuyente a las ratas, 3) que no se le caiga la nariz (a ella, por la alergia) (yo digo que no tiene alergia, que nomás es ideática, pero ya lo probaremos).

    Mi argumento para convencerla fue: de todas formas no lo vas a tener que aguantar mucho tiempo, que al cabo YA ME VOY…

    chan chan chan!!!

    ¿lo dije? ¡lo dije! ni modo inge, ya te fregaste, ya no te puedes rajar porque todos en este blog son testigos…

  8. ¡Perfecto! Comunícate conmigo a mi correo electrónico para detallar cómo, cuándo y dónde te entregaré a tu nuevo amo.

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