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Mis obsesiones “IN”

septiembre 5, 2006

Leí, hace tiempo, Escrito en el cuerpo. Acabo de terminar The Passion. En NY está Arts & Lies y ya me urge que llegue. Todos de Jeanette Winterson.

Como la mayoría de mis elecciones literarias, Winterson llegó casi por casualidad. O no, más bien porque me gustó el título. Cuando compré aquel primer libro, no tenía idea de quién era, ni me sonaba el nombre.

Ahora que sé, me gusta aún más. Y llegó en el momento adecuado. Es que a veces me asombra tanta sincronía.

The Passion es la historia de un soldado de Napoleón que se enamora de una veneciana quien, a su vez, está enamorada de una mujer casada. Sencillo. Con todo el glamour arrabalero y la magia de la época.

Justo cuando termino de leerlo, voy a tres conciertos del I Festival Internacional de Música Virreinal. En el templo de Aranzazú, en el de Tlajomulco y en el de Santa Cruz de las Flores. El viernes, llego (tarde) a Aranzazú, abro la puerta de la iglesia y me quedo boquiabierta. El barroco en todo su esplendor. Los retablos más dorados que nunca, músicos, cantantes y bailarines con pelucas, maquillaje y vestuario de la época. No pudo ser más perfecto. Entonces recordé The Passion y las descripciones de Venecia y de la guerra y de las cenas de Napoleón (claro, no es lo mismo la Francia de finales del XVIII que la Nueva España o el Virreinato del Perú de mitad del XVIII, pero sirve).

NOTA AL MARGEN: Tengo dos fotos del concierto
en Sta. Cruz de las Flores (mismo grupo que se presentó en Aranzazú,
aunque no se ve tan impresionante) pero blogger no las quiere subir. Actualización: ya las subió

Y esa es la primera obsesión de la semana: The Passion y los conciertos barrocos (si se topan conmigo, de seguro toco el tema con sonrisa de oreja a oreja y brinquitos y grititos y todo)

La segunda obsesión: la comida.

No sé dónde leí que te toma 21 días formar un hábito bueno o malo (bah, parece que todo mundo ya lo sabía menos yo). Apenas llevo 11 (Dios nos libre) y me estoy esforzando. Todo comenzó con lo de la endometriosis. Me suscribí a un grupo donde se discute sobre las comidas y recetas y demás. La mayoría de las mujeres de dicho grupo sólo consume productos 100% orgánicos, sin aditivos, sin colorantes. Comida fresca, nada procesado, nada de latas, nada frito. Comencé con la dieta libre de lácteos, trigo y carne roja y me he sentido como nunca (La Reina Galáctica tiene la hipótesis de que el trigo era el causante de mi mal humor porque ya no me levanto de genio, je. )

Y así de obsesiva como soy, me suscribí a VegWeb, releí la página de Slow Food, me suscribí a otro grupo sobre endometriosis y cada que como algo, lo busco en google, por ejemplo: pomegranate endometriosis. Y luego me doy cuenta de que no debería estar comiendo tal o cual cosa porque tiene fitoestrógenos o cosas así. Y me vuelvo loca, porque, como dice el Ingeniero, las lista de cosas que no me gustan se CONCATENA con la lista de cosas que no puedo ni debo comer. Pero a pesar de estos “contras” no me desanimo.

¿Y a qué iba todo esto?

A que ahora comprendo por qué los veganos, los naturistas, los vegetarianos, los “globalifóbicos”, los “hippies”, los partidarios de la Slow Food, los que comen solo cosas crudas, etc. se quejan de la calidad de los alimentos que nos venden. Digo, no es que no lo entendiera antes, sino que ahora lo vivo en carne propia. Nunca me había preocupado por eso, me daba flojera leer las etiquetas de ingredientes o de investigar de dónde provenían las cosas que comía, pensaba “pero si no me he muerto y llevo años comiendo esto, que no exageren”. Pero ahora que estoy enterada de que las toxinas de la carne roja, la grasa no natural de la leche, las modificaciones genéticas del trigo y los pesticidas con los que rocían las verduras son los principales culpables de la enfermedad que padezco, ya no lo puedo permitir.

Y vuelvo a Winterson. Porque resulta que ella compró un edificio inglés en ruinas y debajo de su casa puso una tienda que se llama Verde’s donde vende productos orgánicos, verduras cultivadas por los pequeños granjeros ingleses que no pueden competir con las de malísima calidad importadas de Estados Unidos, quesos de leche cruda, mermeladas sin saborizantes artificiales ni azúcares refinadas ni aspartame ni nada de eso.

Entonces me gusta más. Porque ella piensa que: what you eat is the most political thing you do every day (algo así como “lo que comes es lo más político que haces cada día” pero suena mejor en inglés) y una mujer tan brillante y sensible no puede estar tan equivocada ¿o sí?

Y ahí me disculparán si llego con mi lonchera el sábado a “Ahogadas & Blogs“, je je.

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