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De cómo Quevedo nos lleva a Norfolk o la infinita red de significados que se teje a través de la historia

enero 27, 2006

En mi vida de lectora existe un parteaguas: Norfolk. ANTES de leer a Norfolk podía disfrutar de casi cualquier otro autor medianamente bueno; DESPUÉS de Norfolk me es imposible leer casi cualquier cosa. Las historias me parecen cliché, los personajes hueros o arrogantes, los escenarios repetitivos, la narrativa simplista y los finales toscos. Sin querer, me he refugiado en los barrocos y otros textos no tan antiguos y un poco más oscuros.

Historia de la vida del buscón
, de Francisco de Quevedo, me ha embelesado. No solo el personaje y su historia, sino el lenguaje (que la mayor parte del tiempo no entiendo) y la forma en que las descripciones de Quevedo logran que puedas ver y oler (desafortunadamente, porque a veces realmente apesta) como si estuvieras allí.

Desde que comencé a leerlo, no he podido dejar de pensar en tres obras, muy distantes entre sí (y con respecto al buscón) pero estrechamente relacionadas. En primer lugar, recuerdo El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Potocki. Será porque algunas de las miles de historias que encierra, retratan las hazañas de estos buscones. Esta obra no es cronológicamente tan lejana de la de Quevedo: el buscón fue escrito en 1626, mientras que el manuscrito comenzó a gestarse en 1797 aproximadamente.

En segundo lugar, el buscón me ha recordado a Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio, escrito más de tres siglos después (1951). No sólo por los parajes que describe, sino por el personaje y sus andanzas.

Por último, y para regresar al tema con que comencé a escribir: me recuerda al Rinoceronte del Papa, de Norfolk. He descubierto que me encantan los personajes de estas novelas porque son todo menos héroes, porque no son poetas incomprendidos ni filósofos de la vida, porque parecen insignificantes pero son imprescindibles. También me gusta la forma en que estas novelas se adentran en la historia: sin arrogancia, sin explicaciones innecesarias, haciendo referencias muy sutiles al contexto. Definitivamente hay que tomar en cuenta que las tres primeras novelas tratan de su propio presente (siglos XVII, XVIII y XX, respectivamente) y que sólo la última es, estrictamente hablando, histórica. Norfolk, situado en el siglo XX (1996) se adentra en el mundo del siglo XVI y él sí necesitaría (teóricamente) incluir ciertas referencias al contexto y descripciones que en las otras obras son implícitas, pero precisamente ahí radica su encanto: no lo hace. O, más bien, lo hace como si estuviera escribiendo desde el siglo XVI, como si conociera perfectamente todo lo que le rodea, como lo hicieron en su tiempo Quevedo y Potocki.

*Por cierto, este post fue enviado vía mail, así que también podría titularse “Post experimental enviado por mail v. 1.0”

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One Comment
  1. Anonymous permalink

    La estafa automotriz mas grande del territorio Mexicano!

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