Solía tener una vecina a la que su novio golpeaba de vez en cuando. Cosa de llamar a la policía y todo.
Ahora tengo una vecina a la que su novio complace hasta el éxtasis varias noches a la semana. También le lleva serenata, con mariachi y todo.
No tengo problemas con el amor ni con el sexo. Me gusta que las personas cojan y se amen. Creo que el mundo sería un lugar mejor si todos cogiéramos mejor y más seguido.
Con lo que tengo problema es con que me despierten. Si fueran los puros gritos y gemidos de placer, no me importaría tanto. Sabría que hay alguien gozando y simplemente sonreiría. El problema es la pinche cama, sillón, silla o lo que sea que golpea en la pared: bam… bam… bam..bam..bam..bam..bam..bam..bam.bam.bambambambambambaaaaaaam!!!
a las 4 de la mañana los domingos y los lunes.
Hoy que me despertó por segunda madrugada consecutiva pensé en escribirle una carta y pasarla por debajo de su puerta: Querida vecina, me da mucho gusto que tengas una vida sexual tan activa y satisfactoria pero ¿podrías bajar el colchón al piso, separar tu cama de la pared, coger en la cocina o a horas decentes?
No sé, tal vez hasta podríamos sincronizar nuestros horarios y ya no nos molestaríamos mutuamente.
Eso sí, en lo de las serenatas no soy flexible: ¡absolutamente prohibidas!
p.d.- También hay un vecino que molesta al Ingeniero: le roba su periódico los sábados y los domingos. Hemos puesto varios letreros en el buzón avisando que el periódico es nuestro y aún así se lo llevan. El domingo el Ingeniero llevó a cabo su plan maestro: tomó un periódico de la semana pasada, le engrapó al frente una hoja que decía “¡Deja de robarte mi periódico!”, lo dobló y lo metió al buzón. No pasó nada, como que al ladrón no se le antojó leer el periódico el domingo. Pero este sábado el Inge volverá a tenderle la trampa… muahahahaha!!!
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Mi cuarto huele a tres semanas sin cambiar sábanas y a quince kilos de ropa sucia.
Mi cocina huele a dos días de trastes sucios y tres semanas de leche caduca en el refrigerador.
Mi balcón huele a una semana de arena de gatos sin limpiar.
Mi baño huele a dos semanas de mala puntería del Ingeniero.
Pero no me importa.
Porque ya terminé mi libro.
Doscientas treinta y ocho cuartillas de dolor en el trasero, ojos hinchados, espalda agotada y síndrome del tunel carpiano. Doscientas treinta y ocho cuartillas de encierro voluntario.
Pero ya terminé mi libro.
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La madrugada del lunes a un novio borracho se le ocurrió llevarle serenata a su damisela que, desafortunadamente para mí, es vecina mía. No le llevó un trío. No usó tampoco el sonido estéreo de su auto, ni su etílica y desafinada voz. Ni siquiera eligió un mariachi, como es tradición. El muy ingrato le llevó tambora. Tambora en la madrugada del lunes. El muy desdichado, infeliz y desgraciado hijo de su rechingada madre le llevó tambora.
Más tarde, formada en la fila de la cafetería, se me ocurrió despotricar en contra de la costumbre de llevar serenatas. Los que estaban alrededor me voltearon a ver con cara de sorpresa y uno comentó “¿no te gustan las serenatas? no eres una mujer normal”.
¿No soy una mujer normal? ¿Acaso es normal disfrutar:
1. Que te despierten a altas horas de la noche para levantarte de la cama, vestirte, ¡lavarte la cara!, cepillarte los dientes y peinarte cuando ya estabas calientita bajo las cobijas, soñando tranquilamente y babeando la almohada?
2. Que tengas que salir en plena madrugada a darle un beso a tu novio con aliento alcohólico? (Novio al que antes de dormir no tenías ganas de volver a ver porque para que te lleve serenata tuvo que haber una pelea previa y ésta es su retorcida forma de “demostrar” que te sigue amando y que es capaz de cambiar)
3. Que los vecinos se quejen de que los amigos aún más borrachos que el novio orinaron en su jardín y que al día siguiente te vean con ojos de odio y murmuren mentadas de madre cuando te vean pasar?
4. Que ese mismo día siguiente te estés cayendo de sueño en el trabajo porque al muy ingrato se le ocurrió que una hora de serenata no era suficiente y pagó otra más, luego se fue y tú no puedes volver a conciliar el sueño por la preocupación de que llegue sano y salvo a su casa?
Lo siento pero no. Eso no es normal.
Las serenatas deberían ser ilegales. O ya de plano si ciertas mujeres no pueden vivir sin ellas, que se permitan a horas razonables. De 10 a 11 de la noche, como máximo.
Si yo fuera presidenta, prohibiría las serenatas. Sería lo primero que haría.
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Como se imaginarán, en la boda hubo muchísimas cámaras y varios buenos fotógrafos que hicieron de las suyas durante la fiesta. Les comparto la MEJOR fotografía…
Me gustaría que notaran los detalles, el encuadre, el equilibrio de colores y la profundidad. Es simplemente una obra maestra. Ah, el autor de la fotografía y dueño exclusivo de los derechos es mi tío, así que no se les ocurra piratearla.
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Los que no viven en Guadalajara no se dieron cuenta, pero la semana antes de la boda, desde el lunes hasta el viernes, estuvo lloviendo. Todo el día. Por la mañana, al mediodía, en la noche. Nublado, frío. Mojado. Y yo a punto del colapso. Ahí tienen a todas mis tías (las políticas y las otras) rezando por que mejorara el clima.
Y parece que sus oraciones dieron resultado, porque el sábado el clima estuvo perfecto [aunque la supersticiosa en mí deseaba que lloviera] [la misma supersticiosa que no aceptó ponerse un collar de perlas y que llevaba calzones regalados y joyería prestada]. Decía… que el clima estuvo perfecto.
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por causas obvias…
[San Luis Potosí, por si les urgía saber]
[por cierto, es total y absolutamente cierta la leyenda esa de que al final todo sale a la perfección]
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